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Bienvenidos seais a Araconte. Vais a tener que aprender unas cuantas cositas antes de sumergiros en él. Estais bajo unas estrictas normas de vigilancia. Sí, efectivamente. Sois continuamente registrados y vigilados por nosotros ¿Quiénes somos? Todos lo saben ¿Tú no? Te lo diré...La gran máquina. O así nos llaman. Lo cierto es que no somos más que simples hombres, aquellos que os gobiernan. Por suerte sois tan estúpidos que no os dais cuenta de que os manipulamos continuamente con nuestro sistema de registro. ¡No obstante! Están ellos...esos Arlequines...hay que acabar con ellos. Son rebeldes, inconformistas y quieren acabar con todo nuestro imperio salvando a los Viajeros. De ellos extraemos nuestras defensas contra otros planetas... ¿Piensas ayudarnos o te pondrás de parte de quien no debes? Piénsatelo y adéntrate en un nuevo mundo.
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Muchos parecen haber nacido para no aceptar las cosas tal como les son dadas. - Yaahni

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Muchos parecen haber nacido para no aceptar las cosas tal como les son dadas. - Yaahni

Mensaje por K. Umara Toader el Lun Ene 23, 2012 5:22 pm

Martes 26||Erias || Una de las múltiples tiendas del lugar || 7:15 P. M. .


Una mirada dura, represiva y exigente, como cobrando algo, como reprendiendote por un error, eso refllejan los ojos de Jude. Probablemente jamás le perdonaría que hubiese deshechado sus órdenes y se hubiese entrenado como el Arlequín que era, aun siendo mujer, débil según él y metiendo las narices donde no debía, en un trabajo que el consideraba masculino. Pocas órdenes el le había dado en su vida, y precisamente desobedecía a la más importante, vaya hija que tenía, no era capaz de respetar una orden tan fácil como evitar el peligro y crecer como una ciudadana más común y corriente en Araconte, hubiese sido todo más fácil, eso pensaba Jude, y no sólo más fácil, sino correcto. Había un sólo problema, aquel conflicto, aquella desobediencia que él consideraba fatal era sólo un arista de la realidad, era una parte, un pequeño trozo de un de aquella hoja del destino donde estaba escrita la verdad, pues aunque ni él ni Frejya lo hubiesen notado en veintitrés años de parternidad, la jóven Umara tenía una verdad mucho más grande que contar. Y se la iban a tener que aguantar, pues estaba decidida, nunca había tenido tal seguridad en su vida, y aunque Jude la abofeteara ella iba a ser feliz, aunque él se revolcara en el suelo y le dijera que era una niña tonta, indefensa o débil, ella lo iba a ignorar porque estab segura de que no era así, nadie la volvería a menospreciar, incluído su padre, pues si podía ser una mujer algo callada y sumisa, no era por ningún otro motivo que porque su padre la hubiese críado así, pues en su interior había una llama mucho más fuerte, una confianza en si mísma mucho mayor a cualquier obstáculo.

Kain suspira, una tarde más en casa en la que el aire se corta con espada. Se estaba volviendo monótono, agotador y sin duda no podía seguir allí, incluso a momento pasaba por su cabeza la idea de abandonar el nido, pues de nido ya tenía poco, más bien parecía un campo de batalla en el que nadie atacaba, pero a la vez nadie bajaba la guardia. Salió de casa, y se limitó advertírselo a Frejya, pues de todos modos para Jude era como si ella no existiera. Se colocó lentillas de color para que nadie sospechara de su condición como más de alguna vez algún Arlequín mayor le aconsejó y aunque incomoda muchísimo, era mejor que andar con gafas oscuras aún en lugares oscuros; el resto era pan comido, nadie en la vida imaginaría que una chiquilla que parecía un tierno gatito pudiera ser una guerrera tan poderosa como Umara. Ni de chiste. Ni en tus sueños más extraños.

Erias, el centro de Freylea. Supone que es un buen lugar para pasar el rato, no es el destino soñado de nadie, o mejor dicho de ella, pero es la mejor opción, puede matar dos pájaros de un tiro: por una parte se puede entretener paseando en una tienda de vaya uno a saber qué, ir a un bar - aunque esta opción era algo menos tentadora últimamente - y también teníala posiblidad de husmear por aquí y por allá, buscando a Nimuë, pues aunque tenía la plena seguridad de que este no era precisamente el lugar donde la mujer pudiese hallarse, en realidad, no tenía la más jodida idea de a donde pudiese estar, por lo cuál todos y cada uno de los rincones de Araconte era una posible guarida donde ella estuviese refugiándose, sin que Umara pudiese tener la más mínima sospecha y Jude, el guerrero traicionado por su mano derecha, menos aún, pues de saberlo ya le hubiese ido a arrancar la cabeza, y eso que había una gran parte de la historia que ignoraba por completo. Dio vueltas por aquí y allá durante una buena cantidad de tiempo, hasta que se decidió y entró a una de aquellas múltiples tiendas que se asentaba en dicho lugar, aunque ni siquiera se detuvo a fijarse de qué se trataba.
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Re: Muchos parecen haber nacido para no aceptar las cosas tal como les son dadas. - Yaahni

Mensaje por Q. Yaahni Muller el Mar Ene 24, 2012 12:07 am

Nada más comenzar aquel día, Yaahni tenía la casi total certeza de que sería como cualquier otro. Últimamente, la rutina se hacía dueña de cada segundo de su vida y se marchitaban posibilidades remotas de hacer de este un mundo mejor. No avanzaba. Se había quedado estancada en el mismo sitio que hacía dos meses, y además, llevaba sin pisar la calle al menos una semana. Cuando decidió por fin abandonar el pequeño piso que había comprado, dinero en mano, hacía ya cosa de ocho meses, el impacto de los rayos de sol contra su rostro hicieron que Yaahni tuviese que cerrar los ojos fugazmente para impedir que los destellos la cegaran. No tardó demasiado tiempo en acostumbrarse de nuevo a la claridad, e incluso se alegró de ver de nuevo el sol y respirar aire limpio. Se empapó de los rostros casi inertes de las personas que vagaban de un lado a otro de la calle, como sin saber a ciencia cierta a dónde les llevaban sus pasos, queriendo escapar pero sin nisiquiera planteárselo verdaderamente. Apenas eran las cinco de la tarde cuando se aproximó a cruzar del todo el umbral de la puerta de su edificio y expuso su cuerpo totalmente a merced del tiempo y de la calle.

Prácticamente se dejaba empujar en mitad del corriente de gente que abarrotaba las calles a aquellas horas del día. Las primeras horas de la tarde atraían a las gentes debido al buen tiempo y a la inexistencia de horas laborales en aquella parte de la ciudad, o al menos, de aquellas personas que no tenían la necesidad de encargarse de las tiendas y los locales de ocio que podías encontrarte tras cruzar cada esquina de sus calles. Yaahni iba viéndose pasar a ella misma en el cristal de cada escaparate con el que se cruzaba su mirada, sin saber muy bien a dónde le llevaría finalmente todo aquello. Estuvo tentada a entrar en el primer bar con el que se cruzara y emborracharse, pero sabía que no sería para nada un buen plan, pues a la mañana siguiente había quedado con Quelrian a primera hora, e ir con dolor de cabeza no era nada inteligente. Los recuerdos iban pasando fugaces ante sus ojos, como si pudiera verlos. Alargó su mano como queriendo encontrarse con el rostro de Rënor, pero él no estaba allí, y no lo estaría jamás. Detuvo sus pasos durante unas breves décimas de segundo, las justas y necesarias para que el hombre que caminaba justo detrás suya se empotrase con ella. — Perdón. Lo siento, lo siento. — Yaahni se encontró disculpándose como si verdaderamente lo sintiera, pero el caso es que pensaba que aquel hombre debería de andar con más cuidado. Casi le iba pisando los talones, y era obvio que aquello podía haber pasado en cualquier momento del camino. Siguió caminando sin volver a deternerse en ningún otro rincón. Los escaparates de las tiendas y de los bares pasaban a velocidades vertiginosas mientras Yaahni seguía recorriendo aquella parte de la ciudad. Y en un ínfimo instante, a su mente le vino la imagen de un lugar al que quería ir. Entonces, puso rumbo hacia allí, cruzando la calle y girando a continuación por la primera calle a mano izquierda.

Anduvo entre callejones un tanto siniestros, pues aquella tienda se encontraba recogida en lo que era el antiguo corazón del barrio, la parte más antigua; pero para ella, la más bonita. Cuando había tenido la edad suficiente para poder salir sola a la calle, o más bien, para poder escaparse a través de la ventana de su habitación, había recorrido todos aquellos lugares. Sintiéndose libre, como lo hacía ahora. Sin nada ni nadie que la atase a un lugar al que no quería pertenecer bajo ningún concepto. Yaahni por fin dio con el lugar que abarcaba gran parte de sus pensamientos, y con una sonrisa de conformidad en el rostro —además de nostalgia— cruzó la calle y entró en aquella tienda.
Era pequeña y olía a madera y a barniz. Estaba muy cuidada, pues sus dueños querían mantenerla como el primer día, llena de vitalidad, pese a que allí se vendiesen anticuallas, según decían algunos. Sin embargo, lejos distaba de aquello, pues lo que realmente representaba era una tienda de antigüedades, juguetes y piezas de colección de otra época que habían conseguido encandilar en su día a Yaahni y que aún lo seguían haciendo. Se coló entre los pasillos, mirando estanterías y estanterías de pequeñas piezas de colección, cuando prácticamente se dio de bruces contra alguien conocido. Era la segunda vez en el día que le pasaba aquello. — ¡Umara! —Exclamó, reconociendo a la muchacha prácticamente al instante.
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Re: Muchos parecen haber nacido para no aceptar las cosas tal como les son dadas. - Yaahni

Mensaje por K. Umara Toader el Mar Ene 24, 2012 9:02 pm

Los lentes de contacto incomodaban y vaya que lo hacían, pues como era de esperar su cuerpo, como a todo agente externo, los rechazaban simple y llanamente; sin embargo, era la mejor opción. La otra era usar gafas oscuras, claro eran perfectas en el exterior, pero dentro de un local debías sacártelas y boom! en ese preciso momento todo mundo notaba su naturaleza, y esa opción francamente era una soberana estupidez, no podía exponerse de esa forma: ese sería un error mucho mayor a desobedecer a su padre o a no realizar equis receta como se debe errando en un ingrediente, eso sería traicionar a todos los Arlequines, a toda la familia. Palabras mayores. Lo mejor era ignorar aquel fastidio, hacer como si aquella incomodidad no existiese, olvidar que llevabas aquellos diminutos objetos pegados a la retina, pues si comenzabas por darle importancia, era peor, la sensación empeoraba y en lugar de disimular, hace más notorio el hecho de que algo no anda bien contigo.

Solo cuando estuvo adentro de aquella tienda, advirtió en que lugar del mapa, pues minutos antes había perdido total y completamente la noción del lugar por el cual sus pasos pausados pero decidos la llevaban e incluso a ratos cualquiera que la hubiera visto pensaría que de no haber sido porque la planta de sus pies estaba pegada al suelo, ya estaría flotando en cualquier lugar del universo. El olor a madera y barniz fue la primera señal que le indicó donde estaba y cuando puso atención en lo que sus ojos veían lo confirmó. Había visitado aquella tienda de antigüedades tres veces antes si mal no recordaba, las dos primeras cuando era tan sólo una niña, y las otras habían sido luego de que ella fuese oficialmente un Arlequín: después de su entrenamiento... después de que ella desapareciera, en fin. Le gustaba ese lugar, era medianamente segura, pues no la frecuentaba demasiada gente y la que lo hacía por simple curiosidad o por afición, estaban preocupadas de lo que allí ofrecían y no de andar analizando minuciosamente a cada quien que pasaba por su lado: un punto a su favor. Pasó su mano por sobre un libro de aquellos de tapa dura - seguramente antiquísimo y de colección-, tenía un título interesante ; lo tomó con sumo cuidado y lo abrió, y como era de esperar al abrirlo, sus hojas ya algo amarillentas exhalaron ese típico aroma de libro viejo, pero que a algunos simplemente les encantaba y entre ellos a Umara. Estaba allí hojeando aquel libro sin llegar a leerlo cuando alguien chocó con ella y dió un pequeño sobresalto, iba a disculparse cuando esa persona pronunció su nombre, era una mujer y la conocía: Yaahni. - ¡Yaahni!...Oh, lo siento, de verdad, - comentó algo avergonzada, se había colocado a mirar tan efusivamente aquella pieza que había quedado allí parada en medio de uno de los pasillos impidiendo el normal tráfico, asi que tenía parte de 'culpa'.

Aún era extraño sonreír al ver a Yaahni. Seguramente hace unos meses apenas la hubiese vislumbrado cerca de donde ella estaba, no hubiera dudado en salir corriendo, o sino corriendo, ráudamente, pues tenía muy claro quién era ella, y el peligro que eso pudiese haber significado. Yaahni, aunque hubiese cambiado su apellido a Muller, originalmente era Yaahni Nguyen, la hermana del actual presidente, quién parecía haberse dado cuenta de las atrocidades que hacía su hermano y estaba dispuesta a pelear contra el gobierno, entrenandose como Arlequín, aunque no lo fuera, es decir, se había cambiado a su bando, a su familia. Umara no dudaba de ella, al menos no lo deseaba, había visto cierta convicción en sus ojos, y bueno, no parecía una mujer mentirosa, pero aún se iba con cautela, aunque la mujer le simpatizaba, de una u otra forma se había rebelado ante su familia por seguir lo que deseaba, coraje que a momento a Umara le hacía falta, pero en algún momento lo tendría. Dejó en la estantería cuidadosamente lo que tenía en sus manos y se volvió nuevamente a Yaahni. - ¿Como andas? - le preguntó a aquella mujer que poco a poco se ganaba su confianza.
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